Harry Potter y yo
Empecé leyendo el segundo entonces,Harry Potter y la cámara de los secretos sin muchas ganas, pensando que Harry era sólo un producto de marketing pero poco a poco me fui enganchando a la magia del joven mago. Aún me cuesta entender por qué, aunque tenemos algunas ideas al respecto a pesar de que el agente literario de la Rowlings no responde nuestros emails.
Después de siete libros, el segundo es el que menos me gusta. En cuanto lo acabé corrí a la librería y me encontré con la grata sorpresa de que no sólo estaba el primero sino también el tercero.
El resto es historia. He vivido las sucesivas publicaciones de las aventuras de Harry al mismo tiempo que todos sus fans. Incluso adquirimos las novelas en inglés por Amazon para saber antes lo qué ocurría, sin spoilers corriendo ya por doquier. Las traducciones en España llegan tarde y mal, pero eso es otra historia y de ella hablaremos en otra ocasión.
Hoy quería hablaros de Clàudia. De su amor por los libros, y en especial de su amor por Harry. Ahora tiene siete años y cuando apenas tenía tres le encantaba ver la película de Colombus Harry Potter y la piedra filosofal. Me obligaba a ponérsela una y otra vez en el vídeo de casa, como hacen todos los niños. Las sucesivas secuelas fuimos a verlas al cine. Con ella.
Cuando tenía seis años empezamos a leer toda la saga. Un capítulo cada noche, sentadas las dos en la cama, jugando a poner voces agudas como Dobby y Hermione, graves como Duddley Dursley o Harry; severas pero amables como McGonagal y especialmente sarcásticas en el caso de Snape. Hace unos meses acabamos de leer Harry Potter y el príncipe mestizo y desde entonces me ha martirizado con preguntas e inquietudes (¿No morirá, verdad mama? No puede morir! ¿Volverá con Ginny o preferirá otra vez a Cho?). Hoy por fin puedo responderla, leyendo poco a poco, un capítulo cada noche, el último libro Harry Potter y las reliquias de la muerte. Espero que lo disfrute.
Ayer tenía teatro después del colegio y fuimos a buscarla más tarde. Cuando nos vio llegar a su padre y a mí con el libro entre las manos (Juanma es un impaciente impenitente y a las seis y media, hora clave de lanzamiento, ya lo tenía) nos lo quitó corriendo y se lo enseñó orgullosa a todas las amigas, que la miraban con envidia, sin acabar de entender el por qué de esa emoción.




