Fomento de la Lectura
Hace unos días paseando con nuestra hija por Vilanova y la Geltrú nos emocionó que, al ver una de las dos librerías que hay -la de la parte más nueva de la ciudad- y que ella no conocía, entrara decidida e ilusionada, como quien está a punto de descubrir un gran tesoro. Como padres orgullosos entramos detrás de ella y cada uno se fue a la sección que más le apeteció. La niña se dirigió sin dudar al fondo del espacio relamiéndose al ver una gran sección de LIJ con una pequeña mesa y dos sillas diminutas.
Durante unos minutos la perdí de vista, hablando con una amiga. Nos interrumpió de pronto para enseñarnos un libro titulado Super Marta en referencia al nombre de mi amiga y volvió a sus investigaciones.
Al rato me acerqué donde estaba la niña y vi en una estantería en lo alto un libro nuevo de una de sus colecciones favoritas (Valeria Varita). Se lo acerqué pero ella muy seria, me preguntó:
- Mama, ¿éste se puede leer?
Pensé que habría visto alguno con plástico protector pero el de Valeria Varita estaba listo para leer. Así que se sentó muy modosa en la mesa donde ya había algunos libros y se puso a leer. La veía tan contenta que estaba a punto de decir que si quería nos lo llevábamos cuando llegó la librera, muy seria y le quitó el libro de las manos diciendo algo parecido a:
- ¿No te lo he dicho antes que no se pueden coger los libros de las estanterías? ¿Que si los doblas ya nadie los querrá comprar?
Y aquí me enfadé. Salí con la niña de la librería jurándome no volver jamás.
Valiente fomento de la lectura está haciendo esa librera si no deja que los niños ojeen los libros antes de decidirse a comprarlos. Me contó después la niña que la habían avisado antes y por eso me había preguntado si ése libro se podía leer. Que sólo se podían mirar los libros que ya estaban en la mesa, una ridícula colección comparada con la inmensidad de títulos que había en la librería y que, evidentemente, no reunía todos los gustos de los pequeños lectores. ¡Qué diferencia con nuestras librerías habituales!
Sé que los libros son caros y que se estropean, pero a veces, vale la pena que un libro se estropee si con ello consigues crear a un lector consciente, si al niño le brillan los ojos cuando lo cierra con satisfacción.
Durante unos minutos la perdí de vista, hablando con una amiga. Nos interrumpió de pronto para enseñarnos un libro titulado Super Marta en referencia al nombre de mi amiga y volvió a sus investigaciones.
Al rato me acerqué donde estaba la niña y vi en una estantería en lo alto un libro nuevo de una de sus colecciones favoritas (Valeria Varita). Se lo acerqué pero ella muy seria, me preguntó:
- Mama, ¿éste se puede leer?
Pensé que habría visto alguno con plástico protector pero el de Valeria Varita estaba listo para leer. Así que se sentó muy modosa en la mesa donde ya había algunos libros y se puso a leer. La veía tan contenta que estaba a punto de decir que si quería nos lo llevábamos cuando llegó la librera, muy seria y le quitó el libro de las manos diciendo algo parecido a:
- ¿No te lo he dicho antes que no se pueden coger los libros de las estanterías? ¿Que si los doblas ya nadie los querrá comprar?
Y aquí me enfadé. Salí con la niña de la librería jurándome no volver jamás.
Valiente fomento de la lectura está haciendo esa librera si no deja que los niños ojeen los libros antes de decidirse a comprarlos. Me contó después la niña que la habían avisado antes y por eso me había preguntado si ése libro se podía leer. Que sólo se podían mirar los libros que ya estaban en la mesa, una ridícula colección comparada con la inmensidad de títulos que había en la librería y que, evidentemente, no reunía todos los gustos de los pequeños lectores. ¡Qué diferencia con nuestras librerías habituales!
Sé que los libros son caros y que se estropean, pero a veces, vale la pena que un libro se estropee si con ello consigues crear a un lector consciente, si al niño le brillan los ojos cuando lo cierra con satisfacción.



