El Ajoblanco. Los 70 a destajo.

Diría que Pepe Ribas me lleva 10 años como mucho, pero quizá sean menos. Yo compraba el Ajo con 15 años, junto al Star, donde Pedro Almodovar, hoy director de cine, escribió un par de cosas dadaístas de las que tal vez ni él mismo se acuerde. En aquella revista, Star, escribió también Karmele Marchante (Quien te ha visto y quien te ve :-)
Hubo otra revistas en aquellos setenta de apertura, destape, sexo, drogas y Rock and roll. Recuerdo las revistas hippies Alfalfa, Bicicleta, el primer Integral (Quien te ha visto y quien te ve :-), El Viejo Topo y su marxismo coleteando aún como un pez picha arriba, multitud de fanzines de provincias que delataban que algo se movía, el Rock de Luxe, el Vibraciones de Diego Manrique que compré una sóla vez preguntando a la tendera del quiosco, una chica, si tenía vibraciones y se río tanto asintiendo que quedamos aquel sábado...
Pero de todas, la mejor era el Ajoblanco.
La compré, creo, hasta los diecisiete años. Y podríamos decir que me formó, con sus artículos, sus recomendaciones de libros de ensayo y literatura y su manera de hacerme pensar. Los movimientos asamblearios, el ecologismo, el lumpenproletariado, los sindicatos, el emergente movimiento kraker (Hoy Okupas) de Holanda, las organizaciones como COPEL, EHGAM, LAMBDA, y otras que movieron un tinglado de libertades y reivindicaciones del que me temo que hoy queda muy poco, pero que entonces era la vida.
El Ajo estaba ahí. Comunicando, difundiendo, enseñando, picando. Leí gracias al Ajo a Teodor Roszac, a Bukowski, a Abbie Hoffman, a Lacan, a Leonard Cohen, a Foucault, y al loco de Gonzo, fallecido recientemente, en su "Miedo y Asco en Las Vegas". A Luis Racionero... sí, quién te ha visto y quien te ve. Leí todos los libros del cambio del nuevo paradigma, de Kayros, cuando Paniker, Salvador, estaba por la labor. Y viví en las calles lo que se respiraba. Vibraciones, tíos y tias. A tope.
Si tienes curiosidad por saber porqué quedamos pocos de aquellas generaciones -la del 62 fue especialmente abundante la cosecha con la guadaña- deberías leer este libro de Pepe Ribas, fundador y motor de aquella revista que hoy muchos mayores añoramos, algunos con suerte, y otros entre bombonas de un oxigeno cada vez más adulterado.
No dejes que te cuenten de esos años la Prego y sus documentales. O peor aún, la cursilada del "Cuéntame".




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