El esnobismo de las golondrinas, Mauricio Wiesenthal
FRAGMENTOS:
«Este libro para amantes de los viajes no es una guía de monumentos y catedrales. Trata, por el contrario, de cafés y mercados, tertulias y fuentes, artesanos y artistas, sombreros y carreras de caballos, maletas y hoteles, melones y sabios, princesas y costureras, islas y antiguas ciudades»
«Quizá no es un libro para gente seria. Por eso lo he titulado 'El esnobismo de las golondrinas'; es decir, pasar la primavera en París y el invierno en Marrakech. Simplemente: cambiar de hotel, de camarote, de comidas, de clima, de café, de amigos; huir incluso de la patria, del fisco y de la familia. No se trata tanto de viajar, como de irse. Ser libre es saber huir de los que quieren cazarnos»
«Nací en 1943 en el momento en que la vieja Europa agonizaba. Y, quizá por eso, me he sentido heredero ?heredar es ser responsable? de los ideales, el dolor y la culpa de mis maestros. Cuando edité media docena de ejemplares de mis memorias, sólo para mi familia, pensé que el título más apropiado para estos recuerdos de mi vida era: Llegar cuando las luces se apagan. Ésta es la idea que tengo de la época que me ha tocado vivir. Y el tema principal de mis libros ha sido siempre la preocupación por esta Europa que se nos va muriendo y apagando entre las fiestas y los fastos de la burocracia que la gobierna. Ésta es la Europa de los viajes supersónicos, del bienestar económico, de la globalización, de los nuevos ricos, del optimismo de las vidas triunfantes... o sea: una suplantación de Estados Unidos.»
«Comportarse como un esnob en todas las circunstancias de la vida, como Luis XIV ?tan esnob que impresiona incluso en un museo de cera?, es muy difícil. Por eso pueden distinguirse diferentes tipos de esnobs, según sus especialidades: aristócratas, universitarios, esnobs del deporte y de la caza, esnobs de capital y de pueblo; esnobs de los desfiles de moda, de los viajes exóticos, de la ópera, de las antigüedades, de los restaurantes tres estrellas, y hasta matemáticos esnobs. También existe un tipo de cateto esnob que presume de ser sencillo y natural. Es una especie temible, porque cuando te dicen "yo soy de los que llaman al pan pan y al vino vino" te sueltan inmediatanente una grosería.»
«Quizá este libro es también un poco cínico. El esnobismo es una actitud distante, estética y filosófica, que provoca, naturalmente, el rechazo de todos aquellos que prefieren adaptarse a las convenciones para sacar provecho en cualquier situación. Lo que más odia un oportunista es la independencia del esnob. [...] Prefiero a los esnobs de toda la vida, nada modestos pero, al menos, conscientes de su amanerada frivolidad.»
«No digamos más. Éste es un libro parsimonioso, lento, oceánico, escrito como el vuelo de las golondrinas. Hay libros para gente que come rápido y otros para gente que gusta de saborear. Tengo razones para sospechar que los partidarios de la lectura rápida ?en cierto modo, fast food? no tienen paladar literario. Leen para informarse, que es un propósito práctico que no tiene nada que ver con el arte. Porque el gusto es siempre un rodeo; o sea, golondrinas, lirios y pavos reales... Para los que tiene prisa hay también pizza express.»
El Autor:
Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943) es uno de los escritores más variopintos y prolíficos de las letras españolas, tal vez «un Stefan Zweig barcelonés» (Carles Barba, La Vanguardia) fuera de época, dandi y decadentista, impenitente cultivador del esnobismo. Descendiente de una familia originaria de Hamburgo, es biznieto de músicos, nieto de editor y litógrafo e hijo de catedrático. En la más clara tradición humanista, es un viajero sin fronteras, profesor de muy variadas ciencias, experto enólogo (galardonado en 1992 con la copa de oro de los enólogos de Cataluña) y fotógrafo. Para costearse su vida de escritor y sus errantes viajes en busca de grandes personajes (con estilo, originales), ha cultivado todos los géneros literarios, desde la novela (El Testamento de Nobel) hasta las memorias (Nacer cuando las luces se apagan), pasando por la poesía (Escucha Israel, Chandala Sûtra), el libro de viajes (Yucatán y los mayas, Perú, Memorias de México), el ensayo (La hispanibundia, Galería de la estupidez) u obras divulgativas sobre medicina. La belle époque del Orient Express, traducido a diversas lenguas, se cuenta entre sus obras más representativas y el libro escrito junto con Francesc Navarro La cata de vinos entre los más leídos, pero quizá sea una obra literaria tan inclasificable, imaginativa y brillante como Libro de réquiems la que mayor fama y prestigio le han reportado.
Mauricio Wiesenthal tuvo la suerte de encontrar en el hogar un ambiente muy propicio a la cultura. Siendo un niño, de la mano de su padre, ya había conocido en Antibes a Niko Kazantzakis, el poeta griego. Un amigo de la familia le llevó a visitar a Benavente y a Pío Baroja. Su abuelo fue editor y amigo de Howard Carter, y protegió a muchos artistas, como Serge Diaghilev en su ruinosa empresa de los Ballets Rusos. Probablemente en estos encuentros nació la afición casi fetichista del autor por «coleccionar» personajes.
Se formó en los marianistas de Cádiz y en la Villa Saint Jean de Fribourg, prestigiosa escuela donde fueron alumnos Antoine de Saint-Exupéry y el rey Don Juan Carlos I. Después de realizar estudios universitarios en Sevilla, Madrid y París, comenzó muy joven su carrera académica como profesor de Historia de la Cultura en las universidades de empresariales y medicina de Cádiz. A los 22 años, mientras publicaba su primer ensayo, empezaba a viajar, de la mano de Jean Cocteau, quien le abrió las puertas del mundo intelectual en París.
Durante su estancia en París conoció a muchos autores, como Ionesco, Paul Morand y André Malraux, viviendo intensamente la bohemia artística y literaria de la Europa de los años sesenta y setenta. Era una época privilegiada en que un joven escritor podía permitirse una vida de viajes y de aventuras, escribiendo un día en el Ritz o en el Deux Magots y durmiendo en una pensión para estudiantes. Y así Wiesenthal pudo conocer a Coco Chanel, en los mismos días en que pasaba horas trabajando en la Biblioteca Nacional. Pudo también abandonar su labor docente dedicándose a su vocación de escritor y ganándose la vida con las fotografías que vendía a Gamma y a Viva, o con los reportajes que escribía para Vogue en Francia o para Hogar y Moda en España.
Cuando reunía material para escribir una biografía de Stefan Zweig (que se convirtió más tarde en su novela El testamento de Nobel) conoció a Eugen Relgis, el escritor exiliado rumano que fue amigo de Gorki y de Romain Rolland, de Federica Montseny y del círculo de Tolstoi. Gracias a él llegó a conocer muchos lugares de Europa, unidos a la memoria de estos grandes hombres. Y conoció también a Anna, la hija de Freud, con quien mantuvo correspondencia durante mucho tiempo.
Durante más de cuarenta años, Wiesenthal recorrió toda Europa, tras las huellas de sus personajes, y mantuvo, simultáneamente, sus infinitas aficiones como fotógrafo, concertista de flauta y enólogo. En sus palabras: «He sido mi propio mecenas y he tenido que trabajar mucho para mantener al artista caprichoso que llevo en mi alma como un parásito».
Un libro absolutamente fascinante e inclasificable, que cautivará el corazón del lector reposado. (Aledaños de la Literatura)
«Este libro para amantes de los viajes no es una guía de monumentos y catedrales. Trata, por el contrario, de cafés y mercados, tertulias y fuentes, artesanos y artistas, sombreros y carreras de caballos, maletas y hoteles, melones y sabios, princesas y costureras, islas y antiguas ciudades»
«Quizá no es un libro para gente seria. Por eso lo he titulado 'El esnobismo de las golondrinas'; es decir, pasar la primavera en París y el invierno en Marrakech. Simplemente: cambiar de hotel, de camarote, de comidas, de clima, de café, de amigos; huir incluso de la patria, del fisco y de la familia. No se trata tanto de viajar, como de irse. Ser libre es saber huir de los que quieren cazarnos»
«Nací en 1943 en el momento en que la vieja Europa agonizaba. Y, quizá por eso, me he sentido heredero ?heredar es ser responsable? de los ideales, el dolor y la culpa de mis maestros. Cuando edité media docena de ejemplares de mis memorias, sólo para mi familia, pensé que el título más apropiado para estos recuerdos de mi vida era: Llegar cuando las luces se apagan. Ésta es la idea que tengo de la época que me ha tocado vivir. Y el tema principal de mis libros ha sido siempre la preocupación por esta Europa que se nos va muriendo y apagando entre las fiestas y los fastos de la burocracia que la gobierna. Ésta es la Europa de los viajes supersónicos, del bienestar económico, de la globalización, de los nuevos ricos, del optimismo de las vidas triunfantes... o sea: una suplantación de Estados Unidos.»
«Comportarse como un esnob en todas las circunstancias de la vida, como Luis XIV ?tan esnob que impresiona incluso en un museo de cera?, es muy difícil. Por eso pueden distinguirse diferentes tipos de esnobs, según sus especialidades: aristócratas, universitarios, esnobs del deporte y de la caza, esnobs de capital y de pueblo; esnobs de los desfiles de moda, de los viajes exóticos, de la ópera, de las antigüedades, de los restaurantes tres estrellas, y hasta matemáticos esnobs. También existe un tipo de cateto esnob que presume de ser sencillo y natural. Es una especie temible, porque cuando te dicen "yo soy de los que llaman al pan pan y al vino vino" te sueltan inmediatanente una grosería.»
«Quizá este libro es también un poco cínico. El esnobismo es una actitud distante, estética y filosófica, que provoca, naturalmente, el rechazo de todos aquellos que prefieren adaptarse a las convenciones para sacar provecho en cualquier situación. Lo que más odia un oportunista es la independencia del esnob. [...] Prefiero a los esnobs de toda la vida, nada modestos pero, al menos, conscientes de su amanerada frivolidad.»
«No digamos más. Éste es un libro parsimonioso, lento, oceánico, escrito como el vuelo de las golondrinas. Hay libros para gente que come rápido y otros para gente que gusta de saborear. Tengo razones para sospechar que los partidarios de la lectura rápida ?en cierto modo, fast food? no tienen paladar literario. Leen para informarse, que es un propósito práctico que no tiene nada que ver con el arte. Porque el gusto es siempre un rodeo; o sea, golondrinas, lirios y pavos reales... Para los que tiene prisa hay también pizza express.»
El Autor:
Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943) es uno de los escritores más variopintos y prolíficos de las letras españolas, tal vez «un Stefan Zweig barcelonés» (Carles Barba, La Vanguardia) fuera de época, dandi y decadentista, impenitente cultivador del esnobismo. Descendiente de una familia originaria de Hamburgo, es biznieto de músicos, nieto de editor y litógrafo e hijo de catedrático. En la más clara tradición humanista, es un viajero sin fronteras, profesor de muy variadas ciencias, experto enólogo (galardonado en 1992 con la copa de oro de los enólogos de Cataluña) y fotógrafo. Para costearse su vida de escritor y sus errantes viajes en busca de grandes personajes (con estilo, originales), ha cultivado todos los géneros literarios, desde la novela (El Testamento de Nobel) hasta las memorias (Nacer cuando las luces se apagan), pasando por la poesía (Escucha Israel, Chandala Sûtra), el libro de viajes (Yucatán y los mayas, Perú, Memorias de México), el ensayo (La hispanibundia, Galería de la estupidez) u obras divulgativas sobre medicina. La belle époque del Orient Express, traducido a diversas lenguas, se cuenta entre sus obras más representativas y el libro escrito junto con Francesc Navarro La cata de vinos entre los más leídos, pero quizá sea una obra literaria tan inclasificable, imaginativa y brillante como Libro de réquiems la que mayor fama y prestigio le han reportado.
Mauricio Wiesenthal tuvo la suerte de encontrar en el hogar un ambiente muy propicio a la cultura. Siendo un niño, de la mano de su padre, ya había conocido en Antibes a Niko Kazantzakis, el poeta griego. Un amigo de la familia le llevó a visitar a Benavente y a Pío Baroja. Su abuelo fue editor y amigo de Howard Carter, y protegió a muchos artistas, como Serge Diaghilev en su ruinosa empresa de los Ballets Rusos. Probablemente en estos encuentros nació la afición casi fetichista del autor por «coleccionar» personajes.
Se formó en los marianistas de Cádiz y en la Villa Saint Jean de Fribourg, prestigiosa escuela donde fueron alumnos Antoine de Saint-Exupéry y el rey Don Juan Carlos I. Después de realizar estudios universitarios en Sevilla, Madrid y París, comenzó muy joven su carrera académica como profesor de Historia de la Cultura en las universidades de empresariales y medicina de Cádiz. A los 22 años, mientras publicaba su primer ensayo, empezaba a viajar, de la mano de Jean Cocteau, quien le abrió las puertas del mundo intelectual en París.
Durante su estancia en París conoció a muchos autores, como Ionesco, Paul Morand y André Malraux, viviendo intensamente la bohemia artística y literaria de la Europa de los años sesenta y setenta. Era una época privilegiada en que un joven escritor podía permitirse una vida de viajes y de aventuras, escribiendo un día en el Ritz o en el Deux Magots y durmiendo en una pensión para estudiantes. Y así Wiesenthal pudo conocer a Coco Chanel, en los mismos días en que pasaba horas trabajando en la Biblioteca Nacional. Pudo también abandonar su labor docente dedicándose a su vocación de escritor y ganándose la vida con las fotografías que vendía a Gamma y a Viva, o con los reportajes que escribía para Vogue en Francia o para Hogar y Moda en España.
Cuando reunía material para escribir una biografía de Stefan Zweig (que se convirtió más tarde en su novela El testamento de Nobel) conoció a Eugen Relgis, el escritor exiliado rumano que fue amigo de Gorki y de Romain Rolland, de Federica Montseny y del círculo de Tolstoi. Gracias a él llegó a conocer muchos lugares de Europa, unidos a la memoria de estos grandes hombres. Y conoció también a Anna, la hija de Freud, con quien mantuvo correspondencia durante mucho tiempo.
Durante más de cuarenta años, Wiesenthal recorrió toda Europa, tras las huellas de sus personajes, y mantuvo, simultáneamente, sus infinitas aficiones como fotógrafo, concertista de flauta y enólogo. En sus palabras: «He sido mi propio mecenas y he tenido que trabajar mucho para mantener al artista caprichoso que llevo en mi alma como un parásito».
Un libro absolutamente fascinante e inclasificable, que cautivará el corazón del lector reposado. (Aledaños de la Literatura)





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