Los sueños y escribir.
El otro día soñé con Javier Marías porque me meaba.
Dicho así, puede mover a la risa, lo sé.
Viene a cuento por unas experiencias recientes en casa, sobre escribir. Una pequeña apuesta entre mi pareja y yo: Nos presentamos a un premio literario. En mi caso, por primera vez después de 14 años sin presentar nada propio a ninguno, por razones que algún día contaré.
Me resultaba harto sorprendente que A. pudiera escribir alrededor de 5000 palabras diarias (Durante sus vacaciones) y continuar al día siguiente con otras tantas. Cuando le pregunté me dijo que soñaba con la novela, con su trama, con los personajes. Pensaba en los problemas de la escritura antes de dormir y luego soñaba con ellos.
La envidia me corroía, sí.
Yo no sueño. O no me acuerdo de mis sueños. Y cuando llego a la cama, a esas horas intempestivas que llego, no pienso en nada, salvo en la almohada.
Se da la circunstancia de que cuando duermo, pueden caerse los rascacielos más altos por terremotos y tempestades, e incluso proferir alaridos la vecina del piso de arriba, que no me enteraré de nada. Salvo que llore mi niña. Ahi sí me despierto. Luego, cuando despierto, generalmente lo hago de un salto y camino al baño, plenamente operativo. A., por el contrario, se despierta cada noche más de cinco veces y el simple soplo de un retazo de aire por la ventana ya le hace abrir un ojo y removerse inquieta.
Así que el otro día, porque me meaba, recordé que había soñado con Javier Marías. Eran las cinco y media de la madrugada y me había acostado un par de horas antes. Miré el reloj, siempre miro el reloj cuando me despierto.
La conclusión de todo esto es que para soñar con fundamento, que diría un paisano mío, hay que tener el sueño leve. Así será más productivo.
Dicho así, puede mover a la risa, lo sé.
Viene a cuento por unas experiencias recientes en casa, sobre escribir. Una pequeña apuesta entre mi pareja y yo: Nos presentamos a un premio literario. En mi caso, por primera vez después de 14 años sin presentar nada propio a ninguno, por razones que algún día contaré.
Me resultaba harto sorprendente que A. pudiera escribir alrededor de 5000 palabras diarias (Durante sus vacaciones) y continuar al día siguiente con otras tantas. Cuando le pregunté me dijo que soñaba con la novela, con su trama, con los personajes. Pensaba en los problemas de la escritura antes de dormir y luego soñaba con ellos.
La envidia me corroía, sí.
Yo no sueño. O no me acuerdo de mis sueños. Y cuando llego a la cama, a esas horas intempestivas que llego, no pienso en nada, salvo en la almohada.
Se da la circunstancia de que cuando duermo, pueden caerse los rascacielos más altos por terremotos y tempestades, e incluso proferir alaridos la vecina del piso de arriba, que no me enteraré de nada. Salvo que llore mi niña. Ahi sí me despierto. Luego, cuando despierto, generalmente lo hago de un salto y camino al baño, plenamente operativo. A., por el contrario, se despierta cada noche más de cinco veces y el simple soplo de un retazo de aire por la ventana ya le hace abrir un ojo y removerse inquieta.
Así que el otro día, porque me meaba, recordé que había soñado con Javier Marías. Eran las cinco y media de la madrugada y me había acostado un par de horas antes. Miré el reloj, siempre miro el reloj cuando me despierto.
La conclusión de todo esto es que para soñar con fundamento, que diría un paisano mío, hay que tener el sueño leve. Así será más productivo.
Etiquetas: CREATIVIDAD


