20.8.08


El cómplice deseado

Animaba ayer a una compañera -todos los escritores somos compañeros porque nuestras penas son parecidas- a que hiciera de su pareja un cómplice.

Necesitamos cómplices para escribir sin barreras. El tiempo, la dispersión, el bloqueo, y la esterilidad en lo creativo ya son enemigos suficientes (Y temibles) como para que nuestra pareja o nuestra familia no nos apoye. Trás las líneas enemigas necesitamos siempre un objetivo (Recordar los tres proyectos, y el número de palabras escritas al día), pero en la retaguardia debemos sentirnos protegidos, animados, motivados.

Nuestros hijos y nuestras parejas deben comprender nuestra necesidad de escribir XXXX palabras al día, y apoyarnos, dejándonos hacer. Interesándose, pero sin criticar. Preguntando sin juzgar. Nosotros somos los escritores.

Podemos pedirles ayuda estudiando sus reacciones al leer nuestra producción. Si se ríen o se enojan con este o aquél pasaje. Si han vivido determinada escena o han sentido el olor de ese jardín. Pero no les pidamos críticas. Las críticas son para los profesionales.

Negociemos esa complicidad con los que nos rodean. Es importante, y han de aprender a respetar este tiempo y este espacio que necesitamos para escribir.
 

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