10.7.07


Sobre las lecturas

Leí Werther con diecisiete años, justo después de ojear con recelo a Stirner, y un poco antes de leer a Camus y a Kafka. No me avergüenzo al decir que la idea del suicidio pasó por mi mente por aquel entonces. Recuerdo que tuvieron que sujetarme en un par de ocasiones para que no me arrojara al vacío inane de la filosofía existencialista y aun así flirteé con el negro como la única ausencia de color permitida en mi vestuario. Superé aquella etapa adolescente de manera tan afortunada que hoy puedo decir sin lugar a dudas, que el suicidio sigue siendo la mejor salida... para los valientes.

Y toda esta humorada viene a cuento a raíz de una reflexión que me hecho después de alguna discusión en otro foro a propósito de las lecturas y demás...

Creo, y seguro que me equivoco, que cada libro tiene su época para ser leído. Y me refiero a la propia época del lector que lo sostenga algún día, no a las modas o a los relanzamientos de tal autor o al redescubrimiento de tal otro por ser hoy su centenario. Los que tenemos cierta edad, sabemos que tenemos muchos puntos en común unos de otros por que, mal que bien, leímos las mismas cosas casi al mismo tiempo.

Cada libro es así, para el que lo lee, punto de apoyo para la etapa vital que vive en ese momento. Y aun cuando no haya "visto" lo mismo que su compañero/a de cuarto o de aula en ese mismo libro..., ambos o todos se reconocerán en las palabras del mismo.

Ignoro si me explico bien... Pero abundando en la idea que hace años sostengo, conjuntamente con Fernando Savater al que leí algo parecido hace años, cuando Savater estaba lúcido, creo que cada uno de nosotros sería dichoso si pudiera disponer de un padre espiritual o mentor que apoyara o declinara nuestras lecturas de adolescencia. Sí, ya sé que la mayoría cuando leáis esto, diréis...¡ Qué !

¡Pero qué dice! ¡Un censor!

Sin embargo no me refiero al hecho de censurar. Me refiero al hecho de encauzar las lecturas de cada uno, a ciertas edades, o de criticarlas cuando ya se hayan leído. La madurez que nadie tiene de los doce a los veinticinco años, y que le impide aceptar una u otra lectura en su justa medida. Tendemos, y me incluyo, a magnificar a fulano o mengano y a aceptar como verdad lo que en su origen tan sólo fue una tésis.

Desgraciadamente, también me incluyo en etapas anteriores de mi vida, tendemos así mismo a leer a medias. A no reflexionar sobre lo que leemos, lo cual ayuda en buena hora a interpretar sólo parte de un contenido que quizá en una segunda lectura hubiéramos desechado por ver que no era más que un apunte del mensaje total. Con la edad uno descubre que para explicar bien algo hacen falta muchos folios. ( A eso hay que añadir un viejo adagio de la publicidad: Haz las cosas de tal manera que hasta un tonto las entienda)

Es una reflexión, sin más. Y además, sesgada. No tengo ganas de seguirla ni especial interés en que nadie la conteste. Si abro cierta brecha en según que mentes, pues bueno. Pues vale.

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