El Escritor

El escritor es un blog de técnica literaria y del oficio de escribir

28.5.07

Escritores para niños

Mi hija quiso meterse ayer dentro de un cuento.

El cuento era grande, de tapas verde limón e ilustraciones de niños que juegan y aprenden en una escuela de sillitas pequeñas y mesas blancas, llenas de cosas. C., mi hija, tiene 23 meses cuando escribo esto. Le contamos estos cuentos señalándole las cosas y nombrándolas, siempre antes de dormir, en catalán y en castellano. Ella tiende a recordarlas luego y nos sorprende bastante a todos con su memoria. Recuerda, por ejemplo, el nombre de la librera donde compramos los libros, Nora, después de haberla visto una vez; recuerda y comprende cosas que no son propias de su edad y no podemos evitar sentirnos orgullosos por ello. Sin embargo me preocupa su imaginación precoz e incipiente.

Ayer, al ver a los niños del cuento jugando tal y como ella juega en su guardería, se puso en pie sobre la cama e intentó meter las piernas dentro de la historia.

Supongo que la culpa es mía por contarle historias en las que ella es la protagonista junto a su amiga Pepita. Pepita es una niña "petita com un dit" y jugamos a que C. se la lleva en el bolsillo de paseo. Pepita es "molt dolenta", muy traviesa, y siempre anda perdiéndose entre la arena de la playa, escondiéndose bajo la concha de una almeja y metiendo a C. en líos. Me gusta verla reir.

Nuestra hijita juega sola a veces con sus cocinitas y sus muñecos; con Layla, la mayor de nuestras dos gatas y con los cuentos que mira atenta durante un rato hasta que se cansa y se pone a otra cosa, siempre mariposa: generalmente a reclamarnos a su madre o a mí. Es cuando la veo así tranquila, cuando la veo pensativa y concentrada, cuando recuerdo mi propia infancia poblada de dragones y castillos, de viajes a mundos extraños y de amigos invisibles. Y por eso me preocupa. Yo tenía hermanos, pero ella no los tendrá.

Quisiera que C. sepa un día que los cuentos cuentos son y que, a veces, algunas veces, son más reales que la propia vida. Asi sabrá, cuando crezca un poquito más, que hay gente que detiene alguno de esos momentos y lo pone negro sobre blanco para otros, para mostrar y decir cosas que no pensamos hasta que ese alguien las puso ahí. Y que sepa agradecerlo leyendo esas historias y dejándose llevar por ese autor que supo, al menos en esa ocasión, arrebatarnos y trasportarnos a su propio mundo, o mostrarnos mejor el nuestro.

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