Imagino lectores...
Sucede, sobre todo, cuando escribo. Mientras imagino la audiencia que tendrá el escrito. Un relato, un artículo, mis dos novelas...
¿Tu lo haces? ¿No te imaginas a los lectores ávidos por seguir leyendo tus historias?
Pues es bueno que lo hagas. Te diré porqué.
Si bien es cierto que pensar en una audiencia demasiado pronto (antes del primer borrador) puede congelar tu creatividad, no es menos cierto que -cuando llegue ese momento de pensar en la audiencia- sería bueno no pensar en ese profesor tan exigente que tuvimos en la secundaria o la universidad, y sí en el amigo que entiende en cualquier momento lo que estás intentando hacer.
Prueba este ejercicio:
Con cada pieza que escribas, pregúntate si la escribes pensando en un lector en particular. (Si esperas que lo que escribas le guste a todo el mundo, te encerrarán en un siquiatrico).
Durante ese proceso inicial de creación puedes correr tantos riesgos como quieras. Hasta que el trabajo está finalizado y corregido, la audiencia puede ser algo totalmente irrelevante. Pero tenla presente.
Ya me contarás...



