El negocio editorial y los escritores 001
Le doy categoría de 'Post' a uno de los comentarios de una entrada anterior, porque me ha hecho reflexionar sobre un punto que no deja de salir, de vez en cuando, en mis conversaciones con algunos amigos y amigas, y escritores emergentes. Muchos de ellos aún con la idea romántica y volandera (por volátil) de que la Literatura es otra cosa.
En aquella entrada, decía a la amiga que se quejaba de la falta de oportunidades, que la Literatura hoy por hoy, es un negocio. Y los editores son hombres de negocios. Ellos ponen su dinero para publicar a los autores y gestionan su obra comercializándola, distribuyéndola y dándola a conocer. Todo ello por un margen de beneficio variable. Y a poder ser con poco riesgo.
Se estudian los libros y las tendencias del mercado (lectores y lectores no habituales, los más golosos estos últimos), se encargan libros ad hoc para un determinado segmento de la sociedad y la labor del creador, del artista literario, queda restringida a los premios de la crítica y los suplementos culturales, además de las traducciones a otras lenguas (Y con suerte, el cine), pero no a las ventas masivas salvo que sea capaz de conectar con esas tendencias del mercado.
Lejos están los tiempos en que el editor publicaba autores de los que sabía perfectamente que no ganaría dinero con ellos. El sistema consistía en publicar libros de éxito que cubrieran las pérdidas de los libros que no venderían mucho pero que, a juicio del editor, también un intelectual (entonces), deberían estar en las librerías.
Hoy eso no funciona por diferentes variables entre las que se cuentan la falta de editores intelectuales y vocacionales, y la falta de libreros conscientes de ser intermediarios de la creación y del pensamiento. Hoy, la mayoría de los libreros, valoran el espacio de sus estantes y escaparates por la rentabilidad que ello suponga. Y no entro a valorar las grandes superficies.
Este es el negocio editorial hoy por hoy. Hay cosas que se pueden decir, contar, y ser publicadas todavía, afortunadamente. Pero eso será tema de otras entradas de este blog.
Así es y así se lo hemos contado. Aterricen.
En aquella entrada, decía a la amiga que se quejaba de la falta de oportunidades, que la Literatura hoy por hoy, es un negocio. Y los editores son hombres de negocios. Ellos ponen su dinero para publicar a los autores y gestionan su obra comercializándola, distribuyéndola y dándola a conocer. Todo ello por un margen de beneficio variable. Y a poder ser con poco riesgo.
Se estudian los libros y las tendencias del mercado (lectores y lectores no habituales, los más golosos estos últimos), se encargan libros ad hoc para un determinado segmento de la sociedad y la labor del creador, del artista literario, queda restringida a los premios de la crítica y los suplementos culturales, además de las traducciones a otras lenguas (Y con suerte, el cine), pero no a las ventas masivas salvo que sea capaz de conectar con esas tendencias del mercado.
Lejos están los tiempos en que el editor publicaba autores de los que sabía perfectamente que no ganaría dinero con ellos. El sistema consistía en publicar libros de éxito que cubrieran las pérdidas de los libros que no venderían mucho pero que, a juicio del editor, también un intelectual (entonces), deberían estar en las librerías.
Hoy eso no funciona por diferentes variables entre las que se cuentan la falta de editores intelectuales y vocacionales, y la falta de libreros conscientes de ser intermediarios de la creación y del pensamiento. Hoy, la mayoría de los libreros, valoran el espacio de sus estantes y escaparates por la rentabilidad que ello suponga. Y no entro a valorar las grandes superficies.
Este es el negocio editorial hoy por hoy. Hay cosas que se pueden decir, contar, y ser publicadas todavía, afortunadamente. Pero eso será tema de otras entradas de este blog.
Así es y así se lo hemos contado. Aterricen.




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