Enfocar la atención. Tip 001
Cuando estamos frente a una pantalla o una hoja de papel en blanco pretendiendo escribir con todas nuestras fuerzas, hay momentos en los que parece que sólo queda la vida.
Nos llaman por teléfono, al timbre, recordamos una cita, nuestros hijos nos demandan ayuda, agua, un beso... La vida.
Como escritores y escritoras tenemos que aprender a concentrarnos. (Y a encerrarnos :-) Los expertos en estas cuestiones creen que las personas normales sólo pueden prestar atención a una cosa cada vez, por lo tanto si lo aplicamos a los escritores, deberemos aprender a concentrarnos en lo que realmente nos importa en ese momento. Sea o no un acto natural en nosotros, se trata sobre todo de decidir prestar atención. O al menos decidir cambiar algunos elementos de tu entorno (emocional y físico) para concentrarnos mejor.
He conocido muchos escritores y todos tienen algún recurso sobre este tema. Se trata de disfrutar con el ritual. Todos los escritores tienen su propio ritual diario, antes de ponerse a escribir. Algunos, osados, se levantan temprano, toman un copioso desayuno que consiste exactamente en lo mismo cada día y se llevan una segunda taza de café al ordenador. Otros, valientes, empiezan haciendo algún tipo de ejercicio esotérico como saludar al sol estirándose frente a la ventana o leyendo de manera rutinaria lo que han escrito el día anterior. El beneficio de estos rituales radica en que mentalizan tanto a tu cuerpo como a tu mente de lo que viene después. Nos preparamos para escribir de la misma manera que salivamos cuando olemos una tarta cociéndose en el horno. Como los perros de Pavlov, sí. En mi caso me pongo un cuenco de café. No una taza. Ha de ser un cuenco profundo y grande, pero sin que parezca un jarrón. Por las apariencias. Mi cuenco de café negro y el silencio más espeso que pueda conseguir y que, desgraciadamente, sólo se da de madrugada.
Piensa en tus ritos para prepararte a escribir. ¿Te ayudan a concentrarte en la escritura o más bien son dispersos? Busca y repite cada día un ritual que te haga ordenar tu entorno, como por ejemplo limpiar tu escritorio que siempre es una buena idea si lo tienes como el mío, quitar el sonido del teléfono para que no te moleste mientras escribes, o comer y beber antes de escribir para que no te molesten esas necesidades tan primarias. Nunca en exceso.
Busca tus propios ritos. Cuéntame como lo haces.
Nos llaman por teléfono, al timbre, recordamos una cita, nuestros hijos nos demandan ayuda, agua, un beso... La vida.
Como escritores y escritoras tenemos que aprender a concentrarnos. (Y a encerrarnos :-) Los expertos en estas cuestiones creen que las personas normales sólo pueden prestar atención a una cosa cada vez, por lo tanto si lo aplicamos a los escritores, deberemos aprender a concentrarnos en lo que realmente nos importa en ese momento. Sea o no un acto natural en nosotros, se trata sobre todo de decidir prestar atención. O al menos decidir cambiar algunos elementos de tu entorno (emocional y físico) para concentrarnos mejor.
He conocido muchos escritores y todos tienen algún recurso sobre este tema. Se trata de disfrutar con el ritual. Todos los escritores tienen su propio ritual diario, antes de ponerse a escribir. Algunos, osados, se levantan temprano, toman un copioso desayuno que consiste exactamente en lo mismo cada día y se llevan una segunda taza de café al ordenador. Otros, valientes, empiezan haciendo algún tipo de ejercicio esotérico como saludar al sol estirándose frente a la ventana o leyendo de manera rutinaria lo que han escrito el día anterior. El beneficio de estos rituales radica en que mentalizan tanto a tu cuerpo como a tu mente de lo que viene después. Nos preparamos para escribir de la misma manera que salivamos cuando olemos una tarta cociéndose en el horno. Como los perros de Pavlov, sí. En mi caso me pongo un cuenco de café. No una taza. Ha de ser un cuenco profundo y grande, pero sin que parezca un jarrón. Por las apariencias. Mi cuenco de café negro y el silencio más espeso que pueda conseguir y que, desgraciadamente, sólo se da de madrugada.
Piensa en tus ritos para prepararte a escribir. ¿Te ayudan a concentrarte en la escritura o más bien son dispersos? Busca y repite cada día un ritual que te haga ordenar tu entorno, como por ejemplo limpiar tu escritorio que siempre es una buena idea si lo tienes como el mío, quitar el sonido del teléfono para que no te moleste mientras escribes, o comer y beber antes de escribir para que no te molesten esas necesidades tan primarias. Nunca en exceso.
Busca tus propios ritos. Cuéntame como lo haces.




3 comentarios:
A las 10:27 AM ,
mireias32 ha dicho...
Después de comprender que NO existe ni el lugar ni el tiempo ideal para escribir decidí que tenía que hacer de este trabajo algo agradable. Así es que, cada mañana cojo mi portátil, me siento en una terraza frente a la playa y pido mi café con leche. Después de varios minutos de ensimismamiento (aún no sé bien en qué pienso a esas horas de la mañana) enciendo el ordenador, abro el documento en el que estoy trabajando y...¡Ataco! No me paro a pensar en si está bien o está mal lo que escribo. Para eso ya habrá tiempo más tarde. Durante algo más de hora y media sólo tecleo y bebo café. Tal vez mi estómago se resienta pero...¡No os podeis imaginar cómo disfruto de ese momento del día!
A las 5:02 PM ,
el pajaro guarandol ha dicho...
yo tengo que estar aburrido, aburridisimo para ponerme a escribir. Voy rumiando ideas, frases, tonterias pero sentarme a escribir es algo que postergo. Enciendo la tele y veo cosas insospechadamente tediosas o arreglo todas las gavetas de la casa o limpio con esmero la cocina. Luego me tiro en la cama a aburrirme a secas. Y cuando ya me convenzo de que no puedo tolerar mas ese aburrimiento, que he colmado el vaso, voy resignado a la computadora. No se bien si es un rito pero es sin duda algo de lo que me quiero librar.
A las 1:43 AM ,
INMA VALDIVIA ha dicho...
El día que las circunstancias me impiden escribir, estoy de mala leche, me siento absurdamente perdida y descolocada de todo. Mi mente da vueltas a frases e ides de lo que me traiga entre manos, de manera que, tomo nostas sistétizadas en cualquier papel que encuentro.
LLamo escribir a todo el proceso: lectura, documentación, creación reescritura, corrección...
Efectivamente tengo mis ritos rutinarios e idénticos todos los días antes de escribir.
Nada más levantarme a las 7am conecto el ordenador. Parece como si no estuviesen las cosas en su sitio cuando no lo conecto, es como si faltase sal al al mar o oscuridad a la noche, aún sabiendo que hasta una hora más tarde no me enfrascaré en la tarea que durará hasta casi las 2pm en el silencio más absoluto. En cambio, las tardes que escribo, preparo una buena tetera de teé rojo y verde con una ramita de hierbabuena.
Son tres los que tomo leyedo lo que he hecho, reminiscencia que me quedó desde que leí Tuareg de Alberto Vazquez Figueroa.
¿Las horas más fructíferas? las nocturnas. Amanecería tecleando sin cansarme. Pero son las menos.
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